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ASOCIACION DE TAEKWON-DO INTERNACIONAL
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FUNDAMENTOS ETICOS
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Cuando una práctica nos pone en camino (Do) es necesario saber que no sólo nuestros pies nos harán andar. Es la voluntad la que pone en marcha los pies. Y es nuestra mente la que comanda la voluntad.

El Taekwon-Do exige del practicante con verdadero compromiso un renunciamiento a lo que se ofrece habitualmente como ideal: alcanzar rápidamente un grado, ganar una competencia, rodearse de trofeos y de éxitos, pasar de cinturón. Todo ello refuerza la ilusión del Yo y traiciona uno de los más sagrados principios del Taekwon-Do: la integridad, la humildad. Por el contrario, se trata de disciplinar el cuerpo dominando la mente -una mente arrebatada y dispersa difícilmente logrará controlar el cuerpo- a través del fortalecimiento de la voluntad.

La voluntad, buena por definición, nos coloca en el camino que hacen del cuerpo y de la mente los aliados naturales de todo buen/a guerrero/a de la vida. Para él/ella, su principal oponente es el sí mismo. Y no es fácil ganar esa batalla: es preciso entrenar la voluntad en la lucha contra la cobardía (lo contrario del espíritu indómito), contra la crueldad y la ingratitud (antagonista de la cortesía), contra la pereza (desertora de la perseverancia) y contra la descontrolada sed de victorias y de triunfos (que es la que nos saca de los límites justos de la prudencia y del autocontrol). Vale la pena intentar librar a diario ese combate, porque nos transforma en artesanos de nuestro propio yo. Lo contrario es estar a merced de la tempestad de los propios impulsos, o de fuerzas exteriores y ajenas.

De esta manera queda trazado el camino que se tiende hacia nosotros/as. Cada examen y cada situación específica (torneos, competencias) constituyen una oportunidad única para detenernos y pensar en dónde nos encontramos, concentrar nuestras fuerzas, unificar nuestro Yo y preguntarnos si estamos en lo correcto, si no hemos desviado el objetivo. Permanecer siempre vigilantes no es sólo una exigencia existencial: es el imperativo de quien se propone a conciencia formarse en las Artes Marciales. Eso no depende sólo de la mirada del Maestro: es responsabilidad de cada practicante. Pero también es preciso entregarse y confiar: "El maestro sólo se transforma en tal, cuando al volcar sus conocimientos y experiencias, encuentra a su lado un discípulo receptivo y reflexivo" (R. Michel). De este modo se promueve una corriente natural que eleva y enriquece a ambos, pues toda situación de aprendizaje involucra y compromete a las partes por igual. Esta experiencia compartida es lo que nos propone el Taekwon-Do a la luz de sus Maestros esenciales.

Estas palabras intentan reflejar el sentir de todos los que conformamos la Asociación de Taekwon-Do Internacional.

Bienvenidos